-Maldito infierno de sueños rotos- sollozó Dánae al despertar de aquel sueño que la alejaba de la cruel realidad de su vida y la vida de los demás -¡No quiero recordar!- gritó exaltada mientras acunaba entre su manos partes del violín roto que había dejado la lluvia o el sol. Ya no le interesaba que lo había dejado asi.
Rosalie la pateó de nuevo y su cabellera rubia se fue alumbrando con el intenso sol de la mañana que llegaba; se recreaban sus lágrimas una y otra vez mas como si esa cara que alguna vez todos habían conocido tan neutra nunca hubiese existido -¡Maldita tu, mujer inservible! Solo has traído desgracia a mi vida- sus palabras parecían tener un eco en la desolación y el abandono del desierto que podía decirse era una duna de oro sólido bajo el infernal cielo azul.
Ariel cedió ante un impulso de su corazón y abrazó con una dulzura peculiar a la rubia que no dejaba de mojar el suelo con sus lagrimas. Ella se asustó y en contra de su voluntad la alejó con miedo a lo cual Ariel no reaccionó muy agradablemente y se armó otra discusión.
Dánae por fin reaccionaba con lógica en el momento. Dirigió su mirada al joven Al que se aislaba de sus nervios, luego divisó a Gaia dibujar círculos sobre la arena empecinadamente ¿Dispuesta a lograr que el desierto fuera circular? Los ojos de la griega se fundían en una acentuada nostalgia y su piel se palidecía, tiñéndose de un color enfermizo. La palabra que estaba a punto de aplicar a la situación se desvaneció tras una voz más vivaz.
-Ya lo recuerdo- murmuró Thais contemplando el escenario de desastres -Dánae. Rosalie. Albert. Gaia. Ariel. Yo. Ya lo recuerdo ¿Acaso ustedes no? - su comentario inoportuno llamó la atención de todos, quienes atemorizados por escuchar sus nombres tan naturalmente, se vieron totalmente atraídos.
Albert trató de rasgar el piso de papel en el que dibujaba su angustia. Estaba espantado y fascinado al tiempo porque veía iluminado el gran lienzo que tenia bajo sus pies y que invocaba las mas tormentosas pesadillas: Un orfanato, una música que venía de la nada, la figura de alguien que nunca conoció ¿O si? El porque de una pregunta que nunca se llegó a formular, golpes, amenazas, sueños, aspiraciones, desesperanzas ¿Hogar? ¿Qué era eso para él? Un cariño, un amor, un abrazo ¿Un amor? ¿Alguna vez lo tuvo? Gritos, resignación, impulsos, lágrimas, silencio, temor… HEROES. “Deja de pensar” le susurró Derek en una ocasión; justo cuando por su mente pasó un recuerdo vago de una mujer tocando el piano acompañada de otra mas joven quien le sonreía sosteniendo un violín. -Pobres mujeres, no saben lo que pasará- se dijo Al a si mismo resignándose a sonreir por el fuego de su mente perdida con su pesadilla.
-Somos presos de un esquema y una rutina. No podemos seguir con certeza un camino que nos aleje de este lugar, pero lo podemos intentar. Han profesado los sueños unos cuantos atributos que nos servirán de guía en un carecer que no carece de nada- exclamó Ariel abrumada por lo que ella también comenzaba a recordar.
-¿Ya recuerdas?- preguntó Thais adquiriendo una postura casual y natural.
Rosalie anheló saber a que se refería Thais, pero sus mejillas mojadas le preocupaban mas que el mismo problema, porque, aunque le llamara la atención, ella tenía la sensación de no querer pensar en su pasado. Se levantó y de nuevo comenzó a danzar creándose un mundo de beldades que solo concernían a ella. Estatuas, espejos y mucha belleza que solo la reflejaban a ella. Con labios intangibles profesó cánticos tentadores. Dejándose llevar por una melodía que Al escuchaba en su mente y que Dánae ahora recordaba, comenzó a mover sus dedos enceguecida por la felicidad que no existía en lo rayos provenientes de la mancha amarilla y brillante del cielo ardiente, poseída por una intoxicación del alma y el ser, invocando notas inteligibles que al final despertaron la curiosidad de Gaia que dibujaba en sus círculos una palabra que resaltaba sobre todo: “PRISION”
-Existía aquel tiempo en el que sonreíamos sin la menor de las penas y aunque nuestras angustias a veces fueran mas que suficientes, siempre solíamos afrontar los problemas juntos- dijo Dánae -. Ahora puedo recordar aquella habitación en la que solíamos componer música y hablar de nosotros y nuestras pasiones, de nuestras vidas y nuestras tristezas. Cuando esperábamos que menguase el dolor que se apoderaba de nuestros corazones y la locura que nos contemplaba y utilizaba como juguetes. Aquella locura que nos crean y creemos es locura de verdad y al final no es nada mas que la mayor cordura y realidad- lágrimas cayeron a la arena y todos se perdieron en sus sueños de nuevo a excepción de Thais y Ariel que escuchaban atentamente, postrándose frente a las dudas de la vida que asfixiaban su libertad.
Al las miró dispuesto a escuchar y sus ojos se iluminaron con la mayor de las esperanzas -Yo…- susurró -Yo soy el dibujante de papel. Nunca encontraba nada que no fuera capaz de pintar y prefería pintar mis deseos que decirlos, por eso me golpearon, por ello me odiaron.
Thais aplaudió esbozando una sonrisa hermosa - Yo era el sueño de la vida. Nunca le temía a nada y nunca dejaba de sonreir, solo le temía a las noches de tormentas. Tan solitarias - , su voz se tornó nostálgica con el momento.
-La pintora de ilusiones… ese era mi apodo- interrumpió Gaia -Todos… todos soñaban con mis palabras y se reunían en la noche para escuchar un nuevo sueño a cumplir.
Ariel se sobresaltó -¡Lo recuerdo! Solías susurrar por las noches antes de dormir: “Non voglio ricordare. Non voglio dimenticare. Non voglio niente. Niente.” y yo te hacia competencia cuando empezaron a llamarme la amante de la muerte de cristal, una mujer que nunca temió a la muerte porque su muerte era de cristal inquebrantable- exclamó con inmensa emoción anormal en ella.
Rosalie dejó de tocar las notas en el aire y se acercó al grupo de personas. Su cara tomó la mas dulce de las expresiones -Dánae… la tejedora de melodías en el viento. Yo nunca estuve viviendo del todo aquí… tu eras mi mejor amiga ¿no? Mi profesora, mi madre, mi hermana y todo lo que pensé no volvería a encontrar después de… después de…- su voz se entrecortó hasta convertirse en un silencio rotundo y Dánae se acercó a ella con ternura.
-Rosalie… la sonrisa de verano. Pensar que vivimos lo mismo y aun siendo menor me aceptaste una vez estreche palabras contigo. Todos: unos desconocidos de lo conocido de la vida- murmuró Dánae con lágrimas en los ojos también.
Todos se miraron entre si recordándose a si mismos, pero no lograban reconocer del todo a los demás. Solo existían unos cuantos recuerdos y una deuda rota de promesas que nunca se hicieron pero se quisieron cumplir. Dánae, Albert y Thais parecían sospechar algo, pero al final solo sabían que debían salir de allí lo mas rápido posible.
***
Todos se fueron a dormir y por vez primera, se sentaron unos cerca de los otros para sentirse menos solos. Muchos preguntaron porque les eran asignados nombres tan raros pero ninguno supo responder. Las mariposas parecían volver al lugar para avisarles que algo nuevo comenzaba y se quedaban por ahí a convertirse en curiosos centinelas de colores y enorme belleza. Surgían, por casualidad, las contradicciones de las mentes en sueños y las fervientes palabras que se destacaron en el día se fueron esfumando como el viento y todo lo definido o indefinido… se desintegraron en las mentes intoxicadas por el choque de la verdad y la mentira. Habían sueños sin pudor y el calor se fundía para convertirse gradualmente en un helado corazón de arqueadas puertas de vidrio que daban a relucir las mas tierna de las pesadillas y los mas tenebrosos sueños. Miles de rejas imaginarias, puestas mucho antes que la misma vida y que nunca fueron capaces de romperse. EL encierro del alma en una canción del desierto vacío.
La noche se despejaba poco y pudo al fin vislumbrarse la luz de la desesperanza. Los cabellos de la italiana se esparcieron por el suelo como la misma arena y sus ojos se abrieron de par en par a la media noche, donde empezó a dibujar en el viento como si algo la impulsara.
-¿Qué haces? - preguntó Dánae, quien no podía dormir como era habitual.
-Descubro- respondió la joven Gaia.
-¿Qué descubres?
-Que estamos en una prisión… una prisión de aire.
Capitulo VII, La flor de la discordia por Manuela Correa
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2 comentarios:
Eres extraordinariamente ingeniosa con ese concepto de prisiòn.....uuuuffffff
Disfrutaré dibujarlo.
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