Y cada respiro se me hizo eterno.
El asfalto no necesitó de mis zapatos,
se deshizo de mi equilibrio y mi cordura.
De que la palabra más tonta había salido de tus labios
y yo me sentía satisfecha.
Porque podía ser cercanamente ideal
aproximadamente perfecta
indudablemente, lo que quisieras...
y un poco más utopía que realidad.
Me olvidé de distancias infinitas
y recurrí a acercarme con dos pasos
inseguros, torpes, pero emocionados...
Y tu pelo negro brilló al son de los rayos del sol
y tu mirada se hizo sonrisa en mi rostro.
No esperaba que me amaras,
ni que levantaras el mundo por mí...
yo quería ser peso y carga en tus hombros
y el silencio de cada uno de tus secretos.
Yo quería un desnudo completo...
desnuda tu alma,
desnudo tu corazón,
desnudos tus besos...
pensar que cada canción en el mundo podría ser nuestra,
que cada nube de febrero se hacía animal de feria...
Pensar en cosas banales, de esas que van y vienen cuando menos lo esperas,
que llegan cuando quieren llegar como llegaste tú
cuando mi respiración agitada sofocó el suelo que solía pisar.
No me faltaba tu amor... Pero lo quería todo.
Lo quería todo, pero me faltaba tu nombre.
-¿Cómo te llamas?
-Sueño.
Manuela Correa Benjumea
Ilustración: http://gobugipaper.tumblr.com/
