Mi primer gran amor me tocó el alma por primera vez no hace tanto,
mirando profundamente mi corazón desierto
dibujando con su sonrisa lo que yo creía mi mayor acierto: Él.
Planeó mis sueños,
me construyó, me recuperó y me reforzó
dibujando en mis inseguridades mariposas
haciendo de mi, mi mejor y mi peor versión.
Plantó en mi alma promesas y recuerdos,
y a pesar de que a su lado sufrí tantos infiernos
el agradecimiento fue creciendo junto a él.
todo aquello que no amaba de mi
aprendí a aceptarlo sin querer.
Con èl aprendí que el mundo es más bonito
desde que entendí el amor,
que mi sonrisa escandalosa es hermosa
que mis marcas y cicatrices no me definen
que mi alegría es la voz de mi alma
y que mi corazón es de hierro,
fuerte e inquebrantable.
Que ni él ya puede hacerme daño,
lo que se rompe se reforma,
se renueva... o se exalta.
Y ahora, que no hace tanto partimos sin decir adiós.
Dejamos caricias y halagos,
silencio, sin palabras
y miles de recuerdos entre los dos.
Nos debimos días y besos
y verdades nunca dichas.
Una que otra explicación
y futuros que ya nunca tendrán lugar.
Nos dejamos odio compartido y culpas,
ira, engaños, pero también algo de perdón.
Pero en el desasosiego de esta inesperada despedida,
le agradezco enteramente con mi alma
por haberme enseñado cómo se sentía el amor
el propio, el ajeno, el inesperado…
por haberme enseñado como no se ama,
como no te despides,
como se odia por primera vez de tanto amor
por enseñarme a levantarme mil veces
y lograr salvarme infinitamente la vida...
de él y de mi misma.
Mi gran amor me ha partido el corazón en mil pedazos,
pero he aprendido de él a convertir cada semilla en mi alma en un hermoso jardín de flores.
Manuela Correa Benjumea
Ilustración https://society6.com/product/flower-heart-spring_print#s6-6497192p4a1v45









